miércoles 9 de febrero de 2011

De dioses cotidianos y monstruos.


El sol calienta con desgana, tranquilo, sonriente, sabiendo que el invierno quema sus últimas naves, paciente. La tarde se caldea como si fuera un viernes y es que Madrid, un miércoles por la tarde, empieza desperezarse. La mente de la gente empieza a bullir con planes, lo noto, y los móviles empiezan a vibrar inquietos. Es una de esas tardes de casi primavera en la que parece que el sol alumbra todos los rincones de la ciudad, invitando a recorrerla. Yo no estoy  de muy buen humor, la verdad, me he levantado con la mano izquierda. A mí, esta tarde de sol y planes, de esquinas iluminadas y de bares con las puertas y ventanas abiertas, hace que el saco de los momentos se me clave en la espalda, y solo tengo ganas de meterme en el metro y cerrar los ojos al mundo. Un mal día, solo eso.
Pero el metro es también parte del mundo, demasiado cerca de la superficie. Me meto en el vagón y no me siento, total son dos paradas. Cuando estoy allí de pie, colgado de la barra de seguridad, tratando de colocar la mochila de manera que su única asa, la otra se me ha roto y aun no la he cosido, no se me clave en el hombro, una tenue voz recorre con pereza el vagón casi vacío. Un tipo, de unos cuarenta años,  lo recorre de una punta a otra relatando la misma historia de siempre, tan verdadera como falsa, de indigencia y hambre, de noches al raso. Me doy cuenta del que el hombre aparenta unos cuarenta pero bien puede tener mi edad o incluso veintipico, ya que las marcas de las drogas y del SIDA son evidentes en su aspecto, como una tarjeta de visita de perdedor profesional. Y pienso que ya me vale, quejándome por estupideces, cuando he llevado una vida bastante cómoda, siempre con una casa, siempre con ropa, siempre con comida. Pero al mirarme reflejado en el espejo del vagón, me veo bastante viejo, con el pelo enmarañado, la barba desordenada de varios días y el polvo de los cuadros del Museo del Prado cubriendo mis ropas. Así que agacho la cabeza y le doy una moneda al tipo, porque uno no sabe cuando puede acabar en el otro lado, mientras me pregunto de donde demonios habrá sacado el jersey rojo de Donna Karan que lleva.
Otra estación. El perdedor se baja y entra, además de otras personas, una chica de unos veinte años. Y vuelvo a sentir una patada en el estómago, y no se si cárgame en todo o sonreír por los contrastes que ofrece la vida. Se va el pobre diablo con todas sus pestes acuestas y entra una niña, una belleza que se sienta en uno de los asientos como si nadie se hubiera sentado nunca. Es guapa, hasta demasiado guapa. Lleva su belleza sin esfuerzo, con ligereza a pesar de su inmenso poder. Se quita un abrigo de ante marrón y muestra un vestido estampado liviano, que contrasta un poco con esta época del año, como si fuera una diosa nórdica que está más allá del tiempo y del clima. Es altanera.  Para recoger su larga y alborotada melena dorada, agita la cabeza y su pelo baila en el aire, como si al mundo solo le importase en ese preciso momento ese gesto cotidiano. Se recoge el pelo en un moño que sujeta con un bolígrafo y se saca varios mechones mirándose en el cristal del vagón. El tipo del SIDA, la niña rubia de belleza escultórica. El rostro de él muestra demasiadas batallas, todas perdidas y seguro que casi ninguna por una cusa justa. El de ella no muestra ni una sola. Los mortales pelean, los dioses contemplan. El mundo soporta tales matices y dobleces de la realidad sin romperse y a mí, hoy, que no tengo un buen día, se me hace un poco insoportable. Monstruos y ninfas. Y yo, que me vuelvo a mirar en el cristal del vagón antes de bajarme en mi parada, Avenida de América, me veo cada vez más monstruo.

6 Voces agónicas:

Vade Retro dijo...

¿Y que sería de la vida sin estos contrastes mi querido amigo?
Te dejo por aquí un gran abrazo.

Eriwen dijo...

Vamos que se te ha puesto dura con una niña de 20 añitos xD

También he tenido un mal día xD

Bardamu dijo...

Da gracias de que al menos has encontrado una ninfa, que a veces ni eso....

Favolandia dijo...

lo visceral, puede ser lo mas horrible... y más bello, escenarios de nuestros propios mundos, análisis a la máxima subjetividad personal....

Por esos días de monstruos y dioses, que te sacan las palabras....

Welceb dijo...

muy bueno el escrito interesante a la ves muy bueno espero que andes de lo mejor cuidarte mucho y escribes muy bien

Doctor Spawlding dijo...

favolandia: por esos días pero yo brindo con un refresquito, después de anoche he decidido dejar el alcohol, jajajaja
Welceb: gracias por la visita y por el comentario, me pasaré por tu infierno y te devolveré el saludo