lunes 8 de marzo de 2010

A seguir destrozando la poesía.

Imaginando cosas tangibles con un rayo de luna.


Pienso en todas las películas que no vamos a ver juntos
en todas las conversaciones sobre ellas
que no vamos a tener y se derraman por el infierno.
Imagino los largos paseos por Madrid
con el sol ardiendo en el pecho
yo cogiéndote la mano con todas mis fuerzas
para asegurarme de que todo sigue intacto,
esos paseos construyendo una historia que no daremos.
Recreo en mi mente los bares, las cañas, los teatros
los museos, los parques, las noches, las tormentas,
la magia y la locura que nunca compartiremos.
Todo son escenarios muertos
atrezo de una obra arruinada antes del estreno.
Mi vienen a la mente todas las palabras
que querría escribirte y que ahora me ahogan el alma
como pájaros enjaulados en el fondo de una cueva.
Pienso en las caricias que se marchitan cayendo al suelo
esas que nunca podré darte
las que debo guardarme donde guardo todo lo que pierdo.
Los besos que querría darte se convierten en piedra
pesándome muy dentro, haciéndome torpe, lento
hundiéndome en el lago oscuro del fracaso.
No quiero pensar más
Cansado hasta para imaginar.
No quiero saber nada de noches de pasión
que se han esfumado como sombras chinescas
al encenderse la luz.
No sé que hacer con todo esto
todo lo que había atesorado para ti.
Quizás sentarme a esperarte
deseando que el viento cambie de dirección
un último esfuerzo por la esperanza.
Así que me siento
me estoy muy quieto
mientras el mundo a mi alrededor
construye quimeras que mueren con cada nuevo adiós.

Todas las princesas duermen lejos

Abrí los ojos
Mordido por el alcohol.
Lo primero que pensé
fue
que todas las mujeres
que había amado
se estaban
despertando
al lado de otro tipo.
Lo peor era
que en la que pensaba
en ese momento
también
se estaba despertando
al lado de otro tipo.

Yo
como siempre
despertándome
en una casa ajena
habiendo
naufragado
una noche más.
Sin ganas de recapitular
de hacer balance.

Me di cuenta
que
incluso
las que no conocía
se estaban despertando
acompañadas,
y yo,
me despertaba
con el esqueleto
de la última cerveza
de la noche anterior.

Todas las princesas
se despertaban
en otros castillos.
Empezaban
sus domingos soleados
en tierras
muy lejanas.
Yo
¿cómo no?
Me iba a quedar
un rato más
en el desierto.

2 Voces agónicas:

Anónimo dijo...

Pensé algunas veces de nuestra vida que tú y la poesía no eraís buenos compañeros y me vuelve a sorprender. Escribes para salvarte y con esa pasión que desborda lo que escribes me salvas a mí que ya creía que había perdido todos los barcos. Hoy no sabía si creía en el amor y leo esto y veo que sí, que el amor existe y me alegro porque de repente brilla el sol, aunque tú seas un tipo oscuro y yo ame la luz

Doctor Spawlding dijo...

Tú siempre escribiste poesía mejor que yo, pero te estoy cogiendo, jajajaja. Gracia por haber estado ahí hoy y siempre. Te quiero, lo sabes.