lunes 1 de marzo de 2010

Más retazos de sueños

Era como una fiera asustada
Dudando de si atacar o no.
En la penumbra nada es real
si vas volando a lomos de la fiebre,
de la ansiedad de vivir
por fin.
Su tacto me arde en el alma.
Su piel es como un lamento
como miel en las heridas.
Treinta y dos pasos hacia el abismo
y no puedo agarrarme a ella.

La perspectiva de los días futuros
me muerde en la nuca.

Tanto que decirle.
¿Cómo explicar lo inexplicable?
¿Cómo decirle a una extraña
que quieres arrastrar
todo tu mundo junto al suyo?

No quiero que despierte
y tener que enfrentarme a esos ojos,
a ese azul que es el azul del mundo
de la noche,
de la tragedia y el drama,
de la locura y deseo.

Reposa tranquila, parece,
flotando en el sueño,
pegada a mi.
La miro en la penumbra
tratando de adivinar sus rasgos
esos que tan bien he aprendido
en apenas tres días.
El cansancio me estrangula
pero no quiero apartar la mirada,
a ver si de tanto mirarla
consigo hacerla real.

Su pecho se levanta levemente.
Luego vuelve a bajar
pareciendo llenar todo mi mundo
con su respiración.

Es la hora de barrer los sueños
para vender lo que sobre
a ver que se puede sacar.
Es el momento de levantarme en silencio,
de irme a otra parte con mi caos,
de dejar las persianas bajadas
desaparecer antes de que la luz se desperece.

Te dejo dormida
así quizás pienses que fui solo un sueño,
Pero, ya sabes, si algún día
quieres volver a soñar,
cierra los ojos
y espera unos segundos

a que yo aparezca.
Piensa en ello, todo arde, nunca se sabe. Estaré por aquí, pensando ya sabes que.