En el tren esta mañana
Poema escrito hoy en el tren de Alcalá a Recoletos.
En la estación
unos cuantos metros bajo tierra
me sentía sucio,
cansado
después de arrastrarme
9 horas por las salas de un museo.
La gente alborotabay el ruido de los trenes
del acero chocando contra el acero,
ahí abajo,
me parecía el sonido de los engranajes del mundo.
Hay algo terrorífico en las estaciones
algo misterioso y aterrador en los trenes.
Se me ocurrió de pronto
que éramos una tormenta de almas
esperando a Caronte.
Miré mi móvil,
Había sonado pero no lo había oído.
Tenía un mensaje.
Sin atreverme a pedir ningún deseo
quise que fuera de Ella.
Lo era
y me decía que estaba triste
pero que hablar conmigo le ayudaba.
Yo no imaginaba
sería capaz de ayudar a nadie
si mis manos eran ceniza.
Pero saber que Ella estaba triste
me hacía querer salir corriendo
para hacer,
con mi rabia,
que los kilómetros fueran centímetros,
encoger el mundo
para que no hubiera distancia
entre los dos.
Nuestro tren no llegaba
Caronte tenía muchas almas
que recoger esa tarde.
El mensaje seguía.
Hacía tiempo que nadie me escribía palabras,
palabras de verdad.
Decía que yo le hacía falta
el mundo seguía rugiendo a mi alrededor
pero en ese momento no me importaba.
En ese momento no hubiera ni querido
ni tomarme un trago
a no ser que fuera con ella.
Llegó en la noche
caímos en un remolino de fiebre
y ahora yo le hacía falta.
Estábamos los dos solos
en el centro de la tormenta,
las paredes del ciclón nos protegían
y el mundo no podía escarbarlas.
Tanto tiempo sin hacer falta a un ser mágico.
Me apoyé contra la pared de la estación
que me pareció incómodamente real.
Recordé nuestra última noche,
como el vino bailaba en sus ojos
ardiendo en mis entrañas.
Las leves caricias
los besos entregados o medio robados
el miedo a todo aquello
que estaba estallando a nuestro alrededor
como una lluvia de estrellas borrachas.
La veía,
clavando sus ojos y su corazón
en mis dibujos, relatos y poemas-
Yo asustado,
esperando que no encontrara nada demasiado terrorífico.
Mi cuaderno temblaba en sus manos
como si la luz de Ella
asustara a ese animalito oscuro
¿Puedo quedármelo unos días?
Me pregunta.
Dejárselo es como dejarle en prenda
una parte importante de mi alma
aunque, a esas alturas de la función
ya sospecho que puede quedársela entera,
sirva para lo que sirva.
Apoyado en la pared de la estación
que es incómodamente real
pienso que cada vez que Ella abre ese cuaderno
quizás pueda sentir su caricias
en alguna parte de mi.
Nuestro tren llega.
Es solo un tren
hoy el Caronte no vendrá a por mi
hoy tendré que salir a sol de la tarde
enfrentarme a una brizna de esperanza
no sé muy bien cómo.
miércoles 10 de marzo de 2010
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