miércoles, 11 de febrero de 2009

Malvados.

No penséis que os olvido. Es solo que en mi vida ha habido bastantes cambios. Bueno, quizá solo haya habido un cambio importante. Hace unas tres semanas Ana y yo nos lanzamos al río y después de apenas cuatro meses juntos nos hemos ido a vivir juntos. Y ahí estamos, espero que los hados nos sean propicios. El problema es que en la nueva casa, al igual que en la vieja, no tengo internet por el momento.
Bueno, estas semanas he estado leyendo un libro que me está haciendo disfrutar de lo lindo. Se llama Terror Cinema y es un libro de historia del cine clásico de terror, una de mis grandes pasiones. Está siendo un viaje fantástico a lo largo de esas imágenes de terrible belleza y dulce misterio, un viaje que está consiguiendo que me enamore un poco más del cine en blanco y negro. La belleza de una buena fotografía en blanco y negro es pura poesía, es algo tan hermoso que casi se puede saborear, desmenuzarlo en la boca y sacarle todo el jugo.
Leyendo el libro un día me puse a pensar en los malos de la historia del cine y es que, como ya habréis imaginado, siempre me fascinan los malos, hasta en Campeones, el que más me gustaba era Mark Lenders.
Los malos, el eterno antagonista, la fuerza motriz de las historias clásicas, el epicentro de las grandes sagas y la razón de ser de los buenos buenísimos, quienes, sin su alter ego maligno, no serían esos modelos de conducta que adoramos, esos héroes que destacan por encima de la plebe. Un héroe de ficción sin su rival, sin su villano, no sería más que una persona normal con un trabajo normal.
Los malos. Me puse a pensar en ellos y en su evolución.
Están esos malos entrañables y terribles de los inicios, como Drácula, ya sea en su acepción clásica o como el conde Orlof de Nosferatu, Frankestain, la momia, el hombre lobo. Esas figuras solitarias que se movían por impulsos, por pasiones. El hombre lobo, Drácula, son seres desarraigados, solitarios, arrancados de otro mundo u otra época y encajados en el nuestro, con unas reglas que no entienden y que bajo ningún concepto podrían acatar. Sus acciones son simples actos pasionales, como el personaje del Karloff en La momia que se enfrenta a la muerte, la desafía y la vence y se condena simplemente por amor. En otras ocasiones es simplemente instinto, como Frankenstain o el hombre lobo, puros instintos homicidas o animales imposibles de combatir.
Tenemos que irnos hasta el Fu Manchú, interpretado por el genial Boris Karloff, para
encontrarnos con ese malvado maquiavélico con un plan urdido y masticado, con intenciones torcidas. Es el típico malo que sabe que sus acciones son malvadas, pero que no se detiene ante nada para conseguir sus fines. A partir de ahí veremos ese tipo de villano en muchas ocasiones, hasta que nos encontramos con el culmen de este arquetipo que son los malvados a los que se ha enfrentado de siempre nuestro entrañable James Bond.
Pero en el último año el cine, y más concretamente Heath Ledger y Christopher Nolan, nos han regalado un malvado fascinante y mucho más aterrador que los anteriores. El Joker magistralmente interpretado por el malogrado actor responde a una nueva categoría de malo, el que no siente ambición, ni dolor, ni rencor, ni amor, ni odio. El malo que está vacío por dentro, el malo que es el mal en estado puro, el que carece de sentimientos y solo actúa por el mero placer de destruir y su orgía no le va a llevar a ninguna parte y lo que es peor, no quiere llegar a ninguna parte, ni obtener nada. Llega del vacío y se ira con el más absoluto de los vacíos. Es el malvado que, como dice Michael Cane en la película, solo quiere ver arder el mundo, lo que arrastra el bueno al un campo peligroso, porque no puede entender a su antagonista como un ser humano, ya que no le mueve ninguna pasión y solo se le puede odiar como se odia a la muerte o al vacío, con un odio atroz y ciego que es muy fácil que te arrastre al lado oscuro.

6 Voces agónicas:

Mercy dijo...

Tienes razón...nuestras mentes están conectadas de alguna manera, yo escribí sobre tu vida, y tú escribiste sobre aquello en lo que yo estoy trabajando, un personaje antagónico: el malo!! Que extraña sensación: aterradora y maravillosa! Definitivamente, el mundo no es más que un pañuelo que se dobla a su voluntad, llevandonos a donde le place...dulces pesadillas.
P.D. es bueno tenerte de regreso...

canichu dijo...

el malo vacío que no le mueve sentimiento ni pasión ni empatía ni empatía, en psicología es el considerado psicópata, si no tiene esos requisitos no es propiamente un piscópata. El problema no es tanto psicológico como físico. A esta gente les falta o tienen atrofiado no sé qué parte o conexión cerebral, lo que les hace ser así. Eso me dijo cierta psicóloga que conocimos ambos cuando me trataba de informar sobre el perfil de un personaje que quería crear para un relato. Hala, abro debate o dejo apuntada la curiosidad. Saludos.

Lula dijo...

Ufff, sí, me encantó el Joker de esta última entrega de Batman.

De hecho creo que es el malo de nuestra época, donde cada vez estamos más vacíos y hay más cosas sin sentido, sin esperanza, gente que actua sin propósito ni objetivo, es la neurosis de mirarnos al espejo y no conocernos, la insensibilidad del siglo XXI...

vaya, parece que tengo el día optimista... :$

Bardamu dijo...

Para vacio el que nos has dejado estos meses. Menos mal que es por una buena causa.

Zepezlin dijo...

MUCHA SUERTE EN ESTA NUEVA ETAPA...no dejes de escribir en el blog, que soy fan.Ya sabes que nos unen algunos vicios comunes:

SALUD

iralow dijo...

...norawena...no seas malo...salvo que eso sea bueno...

besotes sin razón