lunes, 29 de diciembre de 2008

Noche primigenia.

Estoy de vuelta. Eso de no tener internet en mi nueva casa es una mierda. Pero bueno, no peneséis que os voy a dejar tirados en medio de las sombras.
Ayer leía un artículo en El País sobre el origen del cosmos. De entre toda la parrafada astrofísica que mi diminuto cerebro apenas sí podía seguir, saqué una cosa en claro, que está cobrando forma una nueva teoría sobre la formación de nuestro universo. De sobras es conocida la teoría del Big Bang, pero según estas nuevas tesis, nuestro universo se formó por la expansión y contracción de uno ya preexistente, en un ciclo que no tiene fin. Según esto, nuestro universo sigue en expansión y llegará un momento en que deje de expandirse para hacer justo lo opuesto, contraerse, hasta formar una masa absoluta que rebotaría y volvería a expandirse de nuevo. Esto, por supuesto, sería el fin de toda forma de vida existente en el universo, ya que ninguna civilización soportaría semejante fenómeno. ¿Estamos abocados a la destrucción hagamos lo que hagamos? Me parece una información bastante terrible, no me extraña que cuando mi adorado Lovecraft mirara a las estrellas, lejos de embelesarse con su fulgor y caer en su hechizo, como hacemos todos, viera en esa noche primigenia, en ese cosmos al más terrible de los monstruos, a lo que más debíamos temer en nuestras pequeñas vidas. Lo cual me lleva a pensar que en nuestro origen está el mayor de los terrores a los que el hombre se puede enfrentar, capaz de acabar, no solo con una persona, o con una población, sino con toda la humanidad, la vida, la muerta, y la que está por llegar, ya que un fenómeno así borraría de un plumazo nuestra existencia en la historia de la realidad, tanto la vida del planeta como todo rastro de que existimos. La muerte de una historia es mucho más trágica que la muerte de una especie, creo. Si me pongo a pensar en esas cosas me mareo, me vienen a la cabeza cuantas civilizaciones se han debido perder en ese juego cósmico sin final.
Quizás debiéramos pensar un poco más en esto y aprovechar el tiempo que le ha sido dada la humanidad y así evitaríamos, quizás, entre otras muchas cosas, que aviones asesinos siembren de fuego Gaza para recoger un preciosa cosecha de cadáveres a la mañana siguiente. Pero no, eso es tener demasiad fe en el ser humano. Si esto se demostrara, si se supiera a ciencia cierta que el tiempo de la humanidad tiene caducidad, no avanzaríamos más, ya que lo único que nos impide matarnos y devorarnos es la idea de un mañana, de un porvenir, de un día en el que las cosas mejorarán, aunque nunca trabajamos para que mejoren. Si se supiera que nuestra existencia es un gesto vacuo, que ni siquiera podemos trabajar para dejar una huella importante, cuando llegara el momento de nuestra aniquilación, el cosmos solo podría llevarse con él ruinas.
Felices pesadillas.